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Se llama Arturo, mi pintor. Antes de ser mío, de muchísimas otras. Las detesto a todas, menos a la que es también mi amiga. Cuando se lo dije a otra amiga, que lo conoce, hubo un largo silencio del otro lado del teléfono.
—…Híjole… ¡disfrútalo mucho! La verdad es que es guapísimo...

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