Aunque en las paredes está escrito "carne sin latido", "imposible entraña", yo sé que en la revuelta espuma mi hijo inexistente existe. Sé que lo que no es de luz sólo es su ausencia.
Por eso huele a mar en medio de mis piernas y sabe a mar la flor dorada. Se escucha en el rumor de sal que los párpados esconden, en los orines dorados y en su espuma.
Una sola lengua con su espuma es todo el mar que hay en el mar.
Y él se olvidó del hijo que no existe una tarde en que un oscuro animal se despiertó en su garganta, nos miró tras los ojos, tendió sus patas a la hoguera. Un animal de espuma que entretejió la carne y nos sostuvo los pétalos los dedos la pelambre los labios los colmillos, y nos incrustó su aguda flecha. Danza circular, cristal festivo.
La piel fue el único dedo del Dios de Sangre que los ángeles anunciaron con el leve susurro de sus alas telúricas.
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