Cuando un teléfono suena en la madrugada es para arrancarte de un terror etéreo y depositarte en otro del que no hay escapatoria. Nada bueno anuncia su estridente llamado que interrumpe así el curso de tu sueño, su premura de estrépito sin horas.
Desde mi casa que es una habitación que es un claustro en donde me persigo, oigo sonar el teléfono en algunas madrugadas y desde el sueño, alerta, temo escuchar mi nombre o un llamado a mi ventana.
Porque las desgracias prefieren los martes por la noche, días destinados a la normalidad, días en que nada malo debiera sucedernos.
Sonará el teléfono en la madrugada y la sangre toda quedará suspensa hasta que vuelva el sueño o él venga y te diga con voz que no vas a olvidar lo que ya sabes: "Vístete. Tu padre ha muerto".
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