Mónica Braun
Sexo Chilango
Su poesía
Sus otros textos
 
El pan de lo irremediable

 

 

                     equivocarse no será la operación que combina las
                                    imágenes sino el consuelo de "lo mismo",
                     el etcétera o residuo que se prevé en la aventura del espejo
                                   sordo, acumulativo, tatuado de carencia.
                                                                                           David Huerta

Adorador de la imagen, artífice de los objetos, escucha:
Construiste una casa cimentada en el miedo
y el miedo la habitó porque venía contigo.

Quien come del pan de lo irremediable está predestinado
a repetir su historia                                                                           
y el que pide lo imposible nada quiere recibir.

Supiste quién era yo por mi manera de mover el abanico,
supiste desde siempre que tenía pájaros en la memoria
y mi razón murciélago colgaba del techo de la sala;
supiste por mis ojos que soy triste;
te dije desde antes: son filosos mis dientes.
Y me abriste la puerta.
                        Pero la puerta no daba a la salida,
                        la puerta daba a un sótano vacío
                        en donde un niño demente
                        se escucha en el espejo y tiembla.

Lo que amaste en mí fue la promesa de Lilit y sus demonios.
Lo que amas de verdad es el dolor.

Y yo me digo: Todo círculo por fuerza ha de cerrarse.
El rostro se repite para darle epílogo a la historia.
Irse a vivir debajo del paso de los trenes
presagiaba la noche junto al canal de aguas negrísimas.

Lo que ha de sobrevivir a esta intemperie
no es el recuerdo de la luz con que vestí tus ojos,
sino este fulgor que vive desde siempre en mí
y que hoy tengo en la mano como una moneda
purificada por el dolor.

El que no tiene fe no encontrará el milagro:
estoy lista para colocar mi corazón en su sitio verdadero.
 
Mírate mirarme en la última noche del amor.
Mójate la cara con tu sonrisa de los últimos días,
cuando dormía a tu lado siendo la más dichosa
y tú me abrazabas con el animal de tu abandono
enseñándome los dientes.

Te lo digo otra vez:
la luz va conmigo dondequiera que vaya.
Nada te debo.