Es la noche del licántropo y ella
embebida de tequila
más que desnuda del alma
de los pechos
va acompasando sus temblores
Hablan del miedo y la poesía
y las palabras serpentean entre los hielos
Escucha el vaticinio de un poema para enero y ríe
Salen en busca del ave o la ciudad amanecida
Apenas son las doce
Un edificio duerme con la boca abierta
—muestra de frente su lengua escalonada
por un costado es pirámide sin vísceras—
Ahí los tomarán por asalto las hormigas
No es posible subir ni bajar de la escalera
Sólo dan vueltas en sus ejes los cerebros
No lo recordará
pero algo dice ella entre susurros de las putas
y luego pide doscientos pesos por su lengua
Hubiera podido hincarse y entreabrir los labios
ahogar al pez desnudo en su saliva
dejarlo ver el brillo de esas aguas
sobre las venas desbordadas
pero lo impide el palpitar de los billetes
en la mano izquierda
Y luego
terca
la diestra más bien torpe
abre el bolsillo en la camisa
vuelve el dinero a su refugio
Ya no es posible sin embargo detener las lenguas
detener los pezones huidos a la boca
las medias que sostiene el muslo
los calzones entre los puños apretados
el clítoris entre dientes y estallidos
que iluminan la escalera
Después él se incorpora
Miran el chorro tembloroso en las paredes
La noche es un canal de aguas negrísimas
que quince años después regresan a su sitio
Un anillo pequeño se ha perdido
y no habremos de encontrarlo nunca
¿Quién ha de encontrar al farol en la calle iluminada?
Nadie habrá de devolverle a la ciudad el canto
mientras llueva
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